Déjame Entrar

. viernes 13 de noviembre de 2009
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Cuando todo parecía indicar que el género de vampiros estaba abocado a regodearse una vez más en sus explotados estereotipos, apareció en nuestras pantallas esta pequeña joya para darle la vuelta a todas nuestras expectativas.

Dirigida por el realizador sueco Tomas Alfredson, Déjame entrar está basada en la novela homónima escrita por John Ajvide Lindqvist. La cinta cuenta la historia de Oskar, un niño de 12 años que sufre acoso por parte de sus compañeros de colegio. Todo cambia cuando conoce a su nueva vecina, Eli, una niña con la que entabla una fuerte amistad a pesar de los misterios que la encubren: es seria, pálida y sólo sale por las noches. Oskar relacionará pronto la llegada de su nueva amiga con el aumento de crímenes violentos que han sucedido en su ciudad.

Sin renunciar al espíritu romántico que acompañan normalmente a este tipo de historias, Déjame entrar es una crónica violenta y sentimental ambientada en un entorno infantil, no por ello menos crudo. Lindqvist y Alfredson realizan un sincero homenaje al imaginario vampírico, tomándose muy en serio la figura de los no muertos y huyendo de la estética “videoclipera” que se ha repetido película tras película durante las últimas décadas.

Eli cumple todos los estereotipos del vampiro clásico, dejando a un lado los esteticismos baratos de las películas para adolescentes: necesita alimentarse de sangre para sobrevivir, tiene un aspecto triste y demacrado, ha de ocultarse de la luz del sol y no puede entrar en casa de nadie si no ha sido invitada. Sin embargo, el relato parte de una base estremecedoramente realista al contar la historia de amor entre dos niños cuyas circunstancias los apartan del mundo al que deberían pertenecer; dos criaturas sedientas de cariño, pero con un instinto de venganza profundamente humano. Esta humanidad es, sin duda, la que consigue que nos identifiquemos con la mirada de los protagonistas y la que refleja el entorno monótono de una sociedad apática y fría, como el paisaje que la envuelve.

Honesta, conmovedora y marcadamente europea, Déjame entrar se presenta como alternativa a las actuales obras del género rebosantes de testosterona, volviendo a las formas clásicas, misteriosas y sobrecogedoras de las leyendas que han teñido desde siempre el imaginario popular. Blanca Madrid. Alumna UC3M.

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Déjame entrar

Planet Terror

. jueves 29 de octubre de 2009
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Primera entrega (según el orden de estreno) de Grindhouse, proyecto-homenaje del tándem Tarantino-Rodríguez a las salas de cine de igual nombre que se dedicaron durante los años sesenta y setenta al pase de películas exploitation: cine de bajísimo presupuesto, heredero directo del pulp fiction, que explotaba el poder de atracción de la violencia, el sexo, el terror, el exotismo, lo bizarro y el humor más escabroso para llenar las salas. Un cine temáticamente casposo e hiperbólico donde cualquier “parecido con la realidad es pura coincidencia” y es inmediatamente barrido por una nueva vuelta de tuerca a la trama, al género, e incluso a la historia del cine.

Baste de ejemplo de todo ello la historia que Rodríguez presenta en este homenaje: en una pequeña área de Texas, el gobierno está experimentando con una nueva arma química. Un “insatisfactorio” negocio entre un bioquímico avaricioso y un escuadrón de soldados anárquicos lleva a la liberación del virus, capaz de transformar a la población en putrefactos zombis. Y los personajes están a la altura de semejante trama: una stripper a la que le falta una pierna, un heroico y legendario conductor de grúa, una pareja de doctores en profunda crisis matrimonial y de identidad sexual, dos niñeras gemelas hiperviolentas, un sucio cocinero sureño…

Acertadamente ambientada por Rodríguez en la Texas más profunda, símbolo (creado por la propia cultura norteamericana) de ese redneckismo radical en muchos casos más cercano al argumento de una película exploit que a la realidad contemporánea, la película se alza como un divertido recorrido por los lugares comunes, tanto temáticos como estéticos, de su amado cine de serie B y Z. Ensombrecida por su película hermana, Death Proof, que transita los mismos caminos de una forma formalmente más exhibicionista y estética y temáticamente más cuidada y estilizada, Planet Terror puede resultar más tosca y vulgar, pero presenta algo que no ofrece aquella: el verdadero espíritu exploit, tan zafio, cutre, sucio, gratuito, incorrecto, irreverente, maravillosamente absurdo y casposo como se pueda imaginar. Mientras que Tarantino nos ha ofrecido un deslumbrante homenaje nostálgico a éste tipo de cine, Rodríguez ha sido capaz de introducir en el aséptico panorama cinematográfico contemporáneo una verdadera película exploit del siglo XXI. Victor Aertsen. Alumno UC3M

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El Intercambio (Changeling)

. jueves 15 de octubre de 2009
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Sensible, dura, humana…

Clint Eastwood, respetado y aclamado actor y director de cine, le rinde a éste un nuevo homenaje narrando una historia real ocurrida en Los Ángeles en 1928.

Un fin de semana cualquiera, Christine Collins (Angelina Jolie), madre soltera, se despide de su hijo Walter de nueve años para acudir a su trabajo de teleoperadora. Cuando vuelve a casa se tendrá que enfrentar al mayor terror de cualquier madre: su hijo ha desaparecido.
A partir de aquí su vida da un giro de 360 grados. La policía corrupta de Los Ángeles le entrega un niño que no es el suyo, aunque éste, bien adiestrado, responde al nombre de Walter y la llama mamá. Ella no cesa en la lucha por encontrar a su verdadero hijo, la consideran una loca e incapacitada pero le llega un aliado, el reverendo Briegleb (John Malkovich). Éstos no sospechan la terrible y dramática historia que hay detrás de la desaparición del pequeño Walter.

Narrada y filmada de una manera majestuosa, Clint Eastwood continúa sobrecogiendo a la crítica y al público. Desde hace años filtra a través de la cámara historias de diferentes temáticas con una sensibilidad extraordinaria y se ha convertido en un director indispensable. Sus películas van conformando todo un mundo de crítica y reflexión hacia actitudes, maneras arcaicas de pensar, patriotismo exacerbado o violencia. Es uno de los directores habituales en los certámenes de cine más prestigiosos del mundo y son innumerables los merecidos premios que ha recibido durante su trayectoria cinematográfica y, especialmente, en estos últimos años. Changeling, el título original del film, es sin duda otra de esas historias intensas que hacen vibrar al verla por la mezcla tan fuerte de muy diferentes sentimientos. Tanausú de la Fe, alumno Uc3m

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Trailer de El Intercambio (español, 2'08'')